SALVADOR Y SEÑOR

December 11, 2014

Jesús es ambos Salvador y Señor (Lucas 2:11) y ningún creyente verdadero puede discutir eso. “Salvador” y “Señor” son funciones diferentes, pero debemos tener cuidado de no dividirlos de tal manera que dividimos a Cristo (1 Corintios 1:13). Sin embargo, voces fuertes del dispencionalismo históricamente han enseñado que es posible rechazar a Cristo como Señor y recibirlo como Salvador.

En efecto, hay algunos que quisieran que creamos que la norma para la salvación es de aceptar a Jesús como Salvador sin someternos a Él como Señor. Declaran que cualquier otra enseñanza dirige a un evangelio falso “porque sutilmente añade obras a la condición clara y sencilla establecida en la Palabra de Dios”. Le han dado el nombre a este punto de vista el “señorío de la salvación”.

El señorío de la salvación, definido por una persona quien piensa que es herejía, es “el punto de vista que para la salvación una persona debe confiar en Jesucristo como su Salvador del pecado y también debe comprometerse a Cristo como Señor de su vida, sometiéndose a su autoridad soberana”. Es asombroso que alguna persona pueda definir esa verdad como anti-bíblica o herética, pero un coro de voces sigue empujando esa convicción. La implicación es que definen que reconocer el señorío de Cristo es obra humana. Esa idea equivocada es respaldada por volúmenes de literatura que hablan de personas “haciendo a Jesucristo el Señor de sus vidas”.

Nosotros no “hacemos” a Cristo Señor; ¡Él es Señor! Aquellos quienes no le reciben como
Señor son culpables de rechazarle. “Fe” que rechaza Su autoridad soberana es realmente
incredulidad. A la inversa, reconocer Su señorío no es más una obra humana como el
arrepentimiento (2 Timoteo 2:25) o la fe misma (Efesios 2:8-9). De hecho, entregarse a Cristo
es un aspecto importante de una verdadera fe salvadora producida divinamente, no algo
añadido a la fe.

Las declaraciones más claras sobre el camino a la salvación en toda la Escritura ambas enfatizan el señorío de Jesús: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31); y “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9). El sermón de Pedro en el día de Pentecostés concluyó con esta declaración: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36). Ninguna promesa de la salvación es extendida a aquellos quienes rehúsan acceder al señorío de Cristo. Así que no hay salvación excepto el “señorío” de la salvación.

Oponentes del señorío de la salvación han ido a grandes rasgos para hacer el caso que “Señor” en esos versículos no significa “Amo” pero hace referencia a su deidad. Aunque fuera concedida esa afirmación, simplemente afirma que aquellos quienes vienen a Cristo para su salvación deben reconocer que Él es Dios. ¡Las implicaciones de eso son aún más demandantes que si “Señor” solamente significara “Amo”!

El hecho es, “Señor” sí significa “Dios” en todos esos versículos. Con mayor precisión, significa “Dios que gobierna” y solamente refuerza los argumentos para el señorío de la salvación. Nadie quien desea la salvación con fe genuina, sinceramente creyendo que Jesús es Dios eterno, todopoderoso y soberano, rechazará intencionadamente Su autoridad. La fe verdadera no es (servicio de labios). Nuestro mismo Señor pronunció condenación sobre aquellos quienes lo adoraban con sus labios pero no con sus vidas (Mateo 15:7-9). Él no se convierte en el Salvador de cualquiera hasta que esa persona lo recibe por quien Él es – Señor de todo (Hechos 10:36).

A. W. Tozer dijo:
El Señor no salvará a aquellos quienes no pueda gobernar. No dividirá sus funciones. No puedes creer en un medio-Cristo. Lo tomamos por quien es – ¡el Salvador y Señor ungido quien es Rey de reyes y Señor de señores! No sería quien es si nos salvó y llamó y escogió sin el entendimiento que también puede guiar y controlar nuestras vidas.

 

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